Una tarde de julio

Mayo 15, 2007

[ Ainara López ]

En ese momento me encontré contigo.
No alcanzo a recordar el nombre de la calle, la posición exacta de la mesa de aquella terraza en la que parecías esperarme. No puedo afirmar con seguridad si me fijé en ti o me elegiste. Pero puedo recordar como si fuera hoy que apagaste un cigarrillo mientras sostenías mi mirada, que cruzaste las piernas desafiándome y que el color de tu vestido era azul como tus ojos.

Contra las sombras de los edificios de la acera de enfrente el recorte de tu silueta surgió como de un sueño. Hube de entornar los ojos para no perderme. No parecías real. No debías serlo. Me miraste como si lo hicieras por primera vez. Supe entonces que no me habías reconocido. Aún no estabas preparada. Pero yo sabía de nosotras, por eso alargué la mano y te invité a sentarte.

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[ Andrés González ]

“No, no me aburro. Pienso”. Ella, como una efigie sonriente en su mecedora de playa, se lo dijo así, de sopetón. Como si pasar las horas en el balcón, frente al mar pero sin hacer nada, no tuviera ningún secreto. Una revelación para un ansioso chico de 20 años, tan preocupado por hacer y sin tiempo para sacarle jugo al tiempo. Era una mujer con toda la vida, la suya y las de los demás, delante de sus ojos.

Sobre la mesa de playa tenía una pila de libros, un suplemento cultural de un diario local, las gafas de vista y unos tebeos del nieto más pequeño. Los libros se los había prestado él, X, su nieto mayor, intrigado por la calma y aparente inactividad de su abuela durante las dos semanas que ya se había comido el verano. En un viaje al pueblo, había inspeccionado durante dos horas los libros de su habitación, pocos a esa edad, para elegir alguno para ella. Tomó, entre otros, ‘El amor en los tiempos del cólera’. Coincidían en esa novela la buena literatura y una historia cercana a su abuela, creía X. Pero ella no necesitaba fantasear con amores tardíos. Sin embargo, su respuesta fue: “Ya no leo casi, me cansa la vista”.

-¿Y en qué piensas? -le preguntó una tarde raramente oscura.
- En mi hijo. -respondió con su típica carcajada entre dientes.
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Preludis

Marzo 9, 2007

[ Sara Guasteví ]

Mentre plou pols i es desafinen els pianos a les cases on n’hi ha. Mentre l’oli s’escalfa al foc i els iogurts caduquen a la nevera. Mentre l’àvia s’adorm a ritme de pèndol al balancí. Mentre el tren marxa tan lluny com pot però sempre arriba al mateix lloc. Mentre la sola de les sabates es perd lentament per carrers i més carrers. Mentre el te fa un romanç d’amor als llavis. Mentre la calor s’insinua al cos i el despulla, però mai del tot. Mentre el desig és una ditada de mel i hores. Mentre.

Tot són preludis lliures.

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Aunque sea mentira…

Marzo 9, 2007

[ Carol Blenk ]

Aquella profesora era amarilla, supongo que aún te acuerdas de ella. Trabajaba aquí mismo, dos calles más allá, en aquel colegio. Era feliz, bueno, no del todo, a medias sólo, como la gran mayoría de nosotros. Iba y venía de su casa al colegio, del colegio a su casa. Y nunca equivocaba el recorrido, bueno, sí, algunos domingos, que era cuando iba a comer a casa de los padres de su novio. Porque ella era muy formal, nunca faltaba a aquellas comidas. Le aburrían un poquito, sobre todo a la hora de los postres, porque siempre ponían tarta de nata, y ella prefería el chocolate. Era tan educada que nunca se quejó. Jamás dejaba una sola cucharada en el plato.
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arratsa balkoian…

Marzo 9, 2007

[ Gus Jiménez ]

iritsi berria naiz, lanetik. menestra ta kiwi bat ta esnea gailetekin ta orain idatzi xumea zuri ta ohera. ohea baino lehenago hortzak daude eta hortzak eta gero orain bai ohea. ohean zer dagoen? ohean zu zaude eta mark dago eta ander eta araia ere, batzutan nagore bueltan etortzen da eta edurnek irrifarre egiten dit, eta toki zeharo ezkututik agerian batzutan gaiztakeriak egiten dizkidaten pertsona zitalak ere badaude. ohean herioa dago, herioa eta ni eta bizitzaren norantzak; bide guztiak batzen direneko lekua da ohea, 98ko uda ere egoten da eta txikitako balkoia, lazkaoko hura: nire ohea balkoi bihurtu nahiko nuke: batzutan bihurtzen da: dutxatik irten berria, 10 urte, amak afaria prestatzen du, zai egon beharko duzue, eta orduan dutxatik aterata eta afaltzeko itxaroten ari naizela balkoira irtetzen naiz; zorua epela dago, piyama motza jantzita daukat, horregatik balkoian esertzen naizenean, hankak luze jarrita, epeltasun goxo leuna sentitzen dut, harri pulituen leuntasun epel goxoa, eta eguzkia olaberria aldeko mendien atzean izkutatzen ari da, ez dut ikusten baino zerua odoletan egoteak eguzkia salatzen du, eta zorua eta piyama eta eguzkia eta dutxa eta lasaitasuna eta bizitza epela eta zoriona,

non da zoriona?

batzutan ohean antzekorik izaten da, baino zaila litzateke ohea gainean dudala kaletik ibiltzea.